Adidas Predator Instinct Londres: The Game

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Las conversaciones sobre zapatillas para muchos de nosotros resultan algo bastante habitual. Hablar sobre el modelo que llevó tal deportista cuando consiguió un determinado logro, aquel otro que fue prohibido por llevar unos colores excesivamente llamativos o aquel que no consiguió el éxito por ser demasiado arriesgado y apenas tuvo ventas. En todos los campos de la creación encontramos ejemplos de obras tan escandalosamente avanzadas a su tiempo que el consumidor medio es incapaz de comprenderlas y les da la espalda, que se lo digan a The Velvet Underground, considerado unos de los grupos más influyentes de la historia moderna de la música y cuyos discos apenas alcanzaron en su día el puesto 200 en las listas de ventas. En ocasiones no son solo los consumidores incapaces de comprender la dimensión de la nueva creación, incluso a veces los propios organismos oficiales se sienten intimidados antes las mejoras que pueden proporcionar en los deportistas que las usan y deciden castigarlas prohibiéndolas.

Antes de las Instinct

En los tiempos del “hazte fan” y del “Me gusta”, los mitos caídos ante la imposibilidad de renovarse y otros modelos en los que se intenta arañar una historia maravillosa que suena a cuento, resulta un placer encontrar verdaderos trozos de Historia. Historia viva, además. Las Predator estuvieron ahí.
Con un jovencísimo Beckham saltando a la fama al marcar un gol desde el centro del campo con el 10 a la espalda (el 7 aún era de Cantoná), las mismas botas con sus distintivas lengüetas rojas, son con las que Del Piero marcó en la Final de la Champions aquel gol de tacón ante el Borussia Dortmund. Gerrard y Kakà se enfrentaron en la loca remontada del Liverpool ante el Milán en la final de Champions de Estambul del 2005. Las depredadoras acompañaron a Zinedine Zidane, en el increíble gol de la Novena (el 1-0, de Raúl, también), y en su doblete Mundial+Eurocopa con Francia, en el gol a lo Panenka a Buffon. A Becks en su “treble” Copa+Liga+Champions de 1999.  Fernando Hierro en la séptima-octava y novena. Y como no en el triplete Euro+Mundial+Euro de Xavi Hernández y Casillas. Las Predator han estado en todos esos pies y muchos más, las demás marcas han acabado copiando el concepto Predator intentando crear un sistema parecido.

Adidas ha tenido las dos botas más exitosas de todos los tiempos:  la Copa Mundial y la Predator. Ambas están unidas por un importante detalle: son botas de toque. Pero dejando al lado este punto en común el resto de su historia es muy diferente, incluso contraria.
Mientras que la fórmula de la Copa es la sencillez absoluta,  todos conocen qué tienen qué hacer con ellas cuando las compran, antes de calzarlas, los rituales de los primeros partidos, la pinzas en las lengüetas. Las Predator en cambio son un complicado conjunto de piezas que buscan el máximo rendimiento. Cualquiera diría que están vivas y por la noche cambian de forma para el partido siguiente…
La Copa basa su éxito en no haber cambiado. Tiene su legión de seguidores fieles y adoradores, que no se limitan a verla como un objeto de colección, sino que la usan y renuevan año tras año, en un eterno ejercicio que tiene como base el siguiente pensamiento: para qué cambiar de bota si estas me van de fábula.
En el otro polo estarían las Predator que han basado su éxito en la renovación constante, añadiendo nuevas tecnologías a cada versión y cambiando su aspecto, aunque siempre han sido reconocibles frente al resto de botas en un campo.

Conociendo a las Instinct

Si ya en el primer modelo de 1994 el color rojo fue utilizado para reflejar y simbolizar la sangre, en el 20 Aniversario las nuevas Predator Instinct buscan su inspiración en el instinto cazador de los animales depredadores, incorporando las características distintivas de estos animales al diseño. Hasta 14 diferentes modelos saldrán a la luz a lo largo del año dentro de la línea Predator Instinct. Entre ellos, 3 de los modelos cumbre de su línea: la original del 94, la Accelerator del año 2000 y la Predator Manía del 2002.

Para este nuevo modelo el futbolista elegido para encarnar el espíritu predator es Mesut Özil. Una de las figuras más brillantes del panorama mundial, caracterizado por su magnífico control del balón y habituado a dominar el juego desde el toque y la asociación con sus compañeros.
Su juego intuitivo e inteligente le permite anticiparse a la jugada, ganando esas pequeñas décimas de segundo que muchas veces marcan la diferencia entre un jugador del montón y uno determinante. Algo así parecido a lo que ocurre en el mundo animal entre los depredadores y sus presas, la anticipación y saber elegir el momento adecuado para lanzar el ataque marca la diferencia entre lograr su objetivo o no.

Predator Instinct: The Game

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Poco nos contaron desde Adidas cuando nos invitaron a viajar a  Londres para participar en un evento relacionado con las Predator. Apenas un envío de material unos días antes que incluía una equipación completa en color rojo “sangre”, junto con unos billetes de avión y una reserva en un hotel del centro de la ciudad, en Tottenham Court Road. El hermetismo acerca de qué nos íbamos a encontrar continuó incluso la noche anterior ya en Londres, respuestas esquivas y un halo de misterio perfectamente preparado. En la habitación, curioseando en la red acerca del barrio donde nos encontrábamos, una mención para cinéfilos, la calle sirvió de localización para la película “Un hombre lobo americano en Londres”, concretamente en una escena en la que los dos protagonistas son atacados, acabando la fiera con uno de ellos y dejando al otro moribundo. Genial, instinto depredador. Mejor vámonos a la cama y mañana que sea lo que sea.

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A la mañana siguiente rumbo al punto de encuentro, los icónicos autobuses londinenses de dos plantas se habían transformado en enormes depredadores de dos pisos que cruzaban la avenida. Después de un breve paseo llegamos a una nave de gran tamaño en pleno centro de la ciudad con su exterior pintado completamente de negro, sin letreros informativos y con tan solo una pequeña puerta. La presencia en la calle de algunos miembros de Adidas nos aseguraba que habíamos llegado al lugar que buscábamos y aunque la nave se emplazaba en la esquina con la calle del Museo estaba claro que dentro de la nave no nos esperaba una tranquila visita a una exposición.

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Una vez sobrepasada la puerta la luz del día nos abandonó dejando su lugar a una atmósfera en la que predominaban los colores típicamente Predator, rojo y negro. Un grupo de personas uniformadas al estilo de un comando militar nos condujo en la penumbra a través de varios pasillos hasta una estancia en donde nos informaron de nuestra misión. Con la ayuda de unas Adidas Predator Instinct en los pies y el estudio de un plano de la zona, deberíamos atravesar dos niveles de dificultad creciente, llevando el balón a través de un circuito laberíntico formado por enormes pirámides y prismas hasta alcanzar el objetivo. Todo esto bajo diferentes juegos de luces y sonidos ensordecedores. Y un ingrediente más, entre los pasillos de este laberinto, varios Predators armados con rifles láser tratarían de impedir  que llegaras al objetivo, disparando a los sensores de la espinillera que llevabas colocada en una de tus piernas,  descontando una de las cinco vidas que poseías con cada impacto recibido. Nivel negro 60 segundos. Nivel amarillo 90 segundos. Good luck guys.

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