All-Star Game 2016. La deriva de los partidos de las estrellas y sus zapatillas.

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Más puntos, más mates, más aliups, más payasadas… y aún así, menos disfrute. ¿Pero qué es esto? más modelos, más colores, más publicidad… y lo mismo. No vamos a hacer un estudio psicosocial sobre la evolución del mundo sneakerhead ni otras movidas repetitivas, hoy toca hablar de las zapatillas. Solo las zapatillas, no un señor de Cáceres que se hace tatuajes y selfies con su última compra. ¿Qué era lo que hacía mejores los antiguos All Star?

En lo que se refiere al basket, ya sabemos qué ha pasado. En lo nuestro, hay varios factores que influyen mucho y podemos repasar algunos de los más importantes.

La calidad de los modelos. El nivel del diseño en calzado de basket no pasa por su mejor momento. Se puede poner todas las etiquetas del mundo a esto, “nostalgia”, “retrobsesión”, “complejo de Edipo” y lo que quieras, pero esto es un hecho.

La competición entre marcas. Hace años (bastantes), podrías contar siete u ocho distintas en pista, luchando por destacar en el All Star. O al menos, estando ahí, porque hasta 1992 más o menos, no se le dió tanta importancia al Fin de Semana de las Estrellas. A más competencia, mejores modelos. Es otro hecho.

Mejores maniquíes. En general, había más grandes personalidades. El tamaño de algunos era tal que, por poner un ejemplo fácil, Patrick Ewing tenía su propia marca, con su propio nombre y la conocía todo el mundo.

Michael Jordan. Se puede discutir si ha sido el mejor de todos los tiempos o no. En el mundo de las zapatillas, es una discusión absurda. El 23 abrió todos los caminos y fue marcando los ritmos de evolución del diseño y modas. También en el All Star.

¿Te acordarás dentro de un mes de qué llevaba Kevin Durant el pasado domingo?

¿Te acuerdas de qué llevaba Michael Jordan en 1988?

En 1988, ganó el probablemente mejor Slam Dunk de la Historia, volando desde tiros libres con las Air Jordan III blancas. Al día siguiente, ganó el MVP en el All Star Game, con las negras.

En 1990, salió a jugar con las Air Jordan V negras. Bautizadas como “la evolución de la revolución“, eran una auténtica locura para la época. A partir de ese año, la marca aprovechó los tres siguientes All Star Weekend y, no el principio de temporada, para presentar sus nuevos modelos: AJ VI, VII, VIII.

En 1992, en plena época de genial delirio del diseño y las Air Jordan VII “bordeaux” no se quedaron atrás. Creativas, sorprendentes, una evolución aligerada y huarache de su antecesora, con una combinación de colores imposibles, casi perfectas. Arrasaron.

En 1993, tratando de repetir el impacto de las “bordeaux”, las Air Jordan VIII “aqua” se presentaron ese mismo día, en colores especiales para el evento. No tuvieron el mismo impacto, pero funcionaron.

En 1996, en el All Star de Houston, en plena época de las zapatillas negras y diseños complejos, Michael Jordan marcaba la diferencia con una versión completamente blanca de sus sencillas y elegantes Air Jordan XI.

En 2003, el mito cumplía 40 años jugando entonces con los Washington Wizards y los jugadores se pusieron de acuerdo (no sabemos si por su cuenta o fue una operación de marketing de Nike) para homenajear al rey de los All Stars, saltando a jugar con distintas Air Jordan (y algunas, como las AJ XVI de Jason Kidd, no estaban editadas como retro, así que eran originales) e incluso guiños más o menos ocultos en sus zapatillas, como Yao Ming y sus curiosas Shox en colores North Carolina.

No es exactamente como ver a LeBron haciendo los mismos mates de siempre sin defensa, con unas zapatillas que no tienen más ni menos ni mejores colores que los que lleva en regular season, ¿no?.

jordanallstarlovezapas

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