El deporte no está tan lejos

 de la moda. Cada temporada un deporte y el material

 que le acompaña arrasa en su vertiente más atlética y después en la más

 cercana a la calle. Un día fue el baloncesto y todos llevaron Jordans y Pumps, el día siguiente

 llegó el running y las AirMax, el fútbol y las T90, Jordan y los pantalones llegaron a las rodillas, Iverson

 y las cintas del pelo, etc. Hace algunos años las carreras de montaña dejaron de ser una novedad y ahora vemos cómo sus zapatillas se cuelan en el asfalto. Los urbanitas saben cómo adoptar ciertas formas. Todo va encadenado: por lógica, los mayores avances tecnológicos surgen en los momentos en que más interés se pone en un deporte, y ahora mismo las condiciones de las carreras de montaña son uno de los laboratorios perfectos. Hace unos años, cuando Salomon aún era propiedad del grupo adidas creó el Ground Control System, del que derivaron las piezas Formotion que pasaron al running y al basket, y que están haciendo que casi todas las marcas empiecen a segmentar esa parte de las zapatillas en sus topes de gama. Las prendas de compresión, los chasis rígidos, el sistema BOA de lazada o la suela independiente para los cinco dedos de Vibram son algunas de las novedades que han sido probadas antes en el trail.

 

 

 

 

 

 

      

  

    The North Face no es una marca recién llegada.

Nacida irónicamente en una playa californiana ha sabido adaptar su imagen y el diseño de sus productos buscando lo más rápido, ligero y novedoso. El prestigio de vestir expediciones al Himalaya lo tienen desde hace tiempo, ahora tenían que ganarse a los que corredores. Para conseguirlo cuentan con los consejos de Dean Karnazes, un veterano ultramaratoniano que acostumbra a ganar cualquier prueba que recorra montañas por más de 100km, capaz de correr en el Valle de la Muerte y en el Polo. El último ejemplo tangible de cómo una marca puede utilizar las expediciones al K2 y los consejos de un reconocido ultramaratoniano como banco de pruebas, es la Rucky Chucky. Aunque no es la primera zapatilla de trail running de The North Face, puede decirse que es la primera apuesta decidida a luchar contra el monopolio de Salomon. Diseño, los colores, el nombre y tecnología están pensadas para que no la pases por alto.

 

La primera tecnología (parcialmente) visible es una pieza que recorre la suela por dentro llamada Snake Plate y que resuelve uno de los problemas del trail running: la montaña exige una pisada dura, la carrera una flexible. La SP es una placa rígida a lo largo de la parte anterior de la mediasuela dibujando un zigzag que se va amoldando al terreno sin dejar de proteger el pie de las rocas y demás obstáculos poco amables con el corredor. Su forma y disposición permite reducir suela y ganar cortes de flexión, manteniendo la estructura consistente y de una pieza que se necesita para sostenerte sobre una piedra con solo una pequeña parte de la suela en contacto. Sobre superficies tan poco uniformes, es imprescindible. La pisada no tiene un dibujo tan limpio como en el asfalto o los caminos de tierra de un parque, y a veces unos tacos tienen que tirar de todo el pie.La SP es visible por entre los cortes de la suela exterior.

 

 La suela exterior tiene un dibujo, como no podía ser de otra forma, muy agresivo.

Recibe el nombre de Tenacious, y se agarra al suelo como si tuviera clavos. El material que la compone es a prueba de resbalones, pegajoso casi. Funciona. La tracción es buenísima, incluído en charcos, barrillos y suelos mojados. Ayuda en esa sensación de seguridad la construcción PlantRollDrive, que más que una tecnología en sí, es un concepto. Similar al IGS de Asics, se basa en una idea general que ordena todas las partes del calzado para actuar en sincronía en busca de una pisada más natural, correcta y sana. Se deja notar en una muy buena tracción y transición de pisada en el arco.

 

 El encargado de la amortiguación es el X-2, un compuesto que se sitúa en el talón y antepié para ayudar a la suela EVA a absorber más impacto y propulsar en el pie en la siguiente fase. En el trail running la fuerza del choque contra el suelo es mucho menor, el terreno es más blando y no exige la amortiguación esponjosa de las zapatillas de running clásicas, algo que además te haría perder sensación de terreno. En cualquier caso, la vocación de la Rucky Chucky es amortiguar algo más de lo que acostumbran las Salomon (no es por nada, pero son la referencia) y lo consiguen, sin perder otras propiedades. Eso si, olvídate de ellas cuando pises el asfalto. Los días que corría con ellas hacía un par de kilómetros de carretera hasta meterme en los caminos de la sierra y mis rodillas (unas expertas en detección de acolchado en las zapas, no obstante llevan dos décadas de basket encima) pedían a

gritos llegar a la tierra.

  Más difícil de apreciar (a simple vista y en la prueba)

es el Agion, presente en el interior de la zapatilla, es un material

antibacteriano que además evita olores. Lo siento, pero el mal olor de pies no es uno de mis problemas y no he podido comprobar si funciona o no. Lo que si puedo constatar es la comodidad natural de la plantilla y lo suave del forro en la parte del talón. Según se acerca hacia la zona de los dedos, el interior es más tosco. Tallan grandes de largo (para los no iniciados: en una bajada, si llevas los dedos muy pegados a la puntera, puedes acabar con las uñas moradas) y dejan un buen espacio de ancho, sin perder ajuste. Las costuras están bien resueltas y no se notan con un calcetín adecuado, no tan fino como los de running.

 

 El Thrust Chassis es un entramado de piezas entrelazadas y complementarias que estabilizan la pisada desde el talón hacia el arco. Ayuda a no perder equilibrio a la suela en la fase de amortiguación. Da mucha seguridad en momentos en los que el piso no es seguro, transmitiendo una sensación de acorazado sin interferir en la acción de suavizado del impacto. La única pega que le pondría es el control de pronación, pues con unos kilómetros encima (cuando empezamos a pronar más, por naturaleza, como sistema de defensa al impacto) el sistema deja al pie ir hacia dentro más de lo que yo hubiera deseado. Tengo una pronación mucho más acusada en el pie izquierdo, y lo notaba claramente. La fase de impulso es muy de mi agrado. Otro inserto de X-2 sobre las láminas de la Snake Plate la hacen muy cómoda. En ningún momento se nota ningún saliente y el

rebote es bastante bueno.

 

 Exceptuando este detalle, que solo debe preocupar a los que

 tengan una pronación bastante acusada, la Rucky Chucky es una zapatilla excepcional para correr, saltar y casi treparen los caminos más ariscos, que a veces son los que se disfrutan más. Se acercan más una zapa de running (muy) adaptada a la montaña, que a calzado de montaña ligero. No las encuentro recomendables para correr en asfalto, los tacos resultan excesivos y la amortiguación, que funciona muy bien en el campo, es insuficiente en carretera. Si tu idea es utilizarlas en ambos terrenos, creo que deberías optar por otro modelo. Se ha lanzado una versión, la GTX, que añade a todo lo que hemos comentado, el GoreTex. También hay versión femenina.

 

 Estéticamente la Rucky Chucky es espectacular, las fotos hablan por sí solas. Con esto quiero recomendar a cualquier amante de las zapas que las tenga en mente para futuras compras, sobre todo a aquellos que ahora flipan con las líneas ACG de Nike, por ejemplo, que no dejan de ser zapatillas salvajes, aunque hayan bajado al mundillos sneaker los últimos años con las reediciones de las Magma, Mowabb o su reencarnación, las Revaderchi, que alcanzó el trato de Supreme. Hasta han entrado en el terreno de los híbridos y las inspiraciones con mucha mayor suerte de lo habitual en ese inestable mundillo.

 

 Más fotos de la zapatilla y detalles en nuestro Facebook.

 

 Gracias a Rocío y J. Imbernón.