Bad Boys. La Historia de los Detroit Pistons.

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En la década de los 80 coincidieron tres de los mejores jugadores de la historia de la NBA, muchos de nosotros, nos atreveríamos a decir incluso que los tres mejores que ha dado este deporte. Magic Johnson y Larry Bird con Lakers y Celtics, se venían repartiendo la tarta de los títulos año tras año, exceptuando una puntual incursión de los Sixers del Dr. J y Moses Malone en 1983. Michael Jordan y sus Bulls también andaban por allí, atravesando por ese período de maduración que exige la liga a todo equipo antes de llegar a lo más alto.

En la transición y traspaso de poderes del trono de la NBA desde las dos hegemónicas franquicias a los emergentes Chicago Bulls, hubo un equipo que se coló en medio e hizo de bisagra. El primer gran paso que dieron fue el de finiquitar el dominio de los Celtics en el Este, acabando con la época dorada de los Bird-McHale-Parish. Una vez dueños del Este, el peldaño definitivo era conseguir superar en las Finales a los Lakers del  Showtime. En el primer intento, se quedaron con polémica incluida (aquella dudosa falta de Laimbeer a Kareem en el sexto partido) a un partido de conseguirlo. En su segunda oportunidad les barrieron.
La influencia que tuvieron sobre los Bulls de Jordan fue diferente. En vez de actuar de sepultureros  hicieron más tareas de escultor, moldeando la personalidad del equipo que dominaría la liga en los años sucesivos. La retorcida forma de hacerlo fue  castigándoles año tras año en los playoffs y exigiéndoles ese plus de dureza mental necesario para convertirles en un equipo campeón.

Los Detroit Pistons conocidos como los Bad Boys por el juego físico que desplegaban, eran un equipo de enorme talento sin embargo. Mucha gente, sobre todo de generaciones que por edad no coincidió con sus años de dominio piensa que eran un grupo de chalados que se dedicaban a dar mamporros a todo el que se movía y que así consiguieron ganar dos títulos de la NBA.
En realidad eran tipo duros en lo físico pero también en lo psicológico, estudiaban a sus rivales y les sacaban del partido de una u otra manera. Un equipo construido siguiendo la fórmula tradicional de un gran base y un pívot. Ambos de  Chicago y ambos odiados en su ciudad natal. Isiah Thomas proveniente de una familia desestructurada con una infancia terrible. Bill Laimbeer de familia de origen acomodado e infancia feliz, nadie lo diría. Con el paso de los años se fueron sumando piezas hasta crear al equipo de leyenda. Joe Dumars, un escolta elegante y resolutivo en los dos lados de la cancha que servía de contrapunto perfecto al carácter diabólico y serpentino del genial Thomas. Dennis Rodman, un outsider que encontró en los Pistons la confianza que nunca recibió de su familia, hasta llegar a convertirse en uno de los mejores defensores y reboteadores que se recuerda. Adrian Dantley y su posterior recambio Mark Aguirre, eran dos aleros de la superélite del campeonato asiduos del All Star Game.  Vinnie Microondas Johnson aparte de tener el mejor apodo que recuerdo en un jugador, y unos ojos saltones que recordaban a algún personaje de Star Wars, salía del banquillo para martillear el aro desde el primer balón que tocaba. El atlético John Salley con aquella araña tatuada en el muslo (cuado los tattoos no eran moda). El juego de espaldas de James Buddha Edwards y su particular mostacho. Ricky Mahorn The Baddest Bad Boy or Them All. Y como entrenador-padre de todos ellos, Chuck Daly, capaz de unir milagrosamente todo esta amalgama de efervescentes personalidades.

Si ya tienes unos años y te suena lo que has leído o si perteneces a otra generación y quieres conocer quienes fueron en realidad los Bad Boys, tienes una oportunidad de descubrirlo o rememorarlo con el documental:  Bad Boys. La Historia de los Detroit Pistons que emite desde el Sábado 29 Canal+.

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